Historia
- Él término "inteligencia artificial" fue acuñado formalmente en
1956 durante la conferencia de Darthmounth, más para entonces ya se
había estado trabajando en ello durante cinco años en los cuales se
había propuesto muchas definiciones distintas que en ningún caso habían
logrado ser aceptadas totalmente por la comunidad investigadora. La IA
es una de las disciplinas más nuevas junto con la genética moderna.
Ambos son dos de los campos más atractivos para los científicos hoy día.
- Las ideas más básicas se remontan a los griegos, antes de Cristo. Aristóteles
(384-322 a. C.) fue el primero en describir un conjunto de reglas que
describen una parte del funcionamiento de la mente para obtener
conclusiones racionales, y Ctesibio
de Alejandría (250 a. C.) construyó la primera máquina autocontrolada,
un regulador del flujo de agua (racional pero sin razonamiento).
- En 1315 Ramon Llull en su libro Ars magna tuvo la idea de que el razonamiento podía ser efectuado de manera artificial.
- En 1936 Alan Turing diseña formalmente una Máquina universal que demuestra la viabilidad de un dispositivo físico para implementar cualquier cómputo formalmente definido.
- En 1943 Warren McCulloch y Walter Pitts presentaron su modelo
de neuronas artificiales, el cual se considera el primer trabajo del
campo, aun cuando todavía no existía el término. Los primeros avances
importantes comenzaron a principios de los años 1950 con el trabajo de Alan Turing, a partir de lo cual la ciencia ha pasado por diversas situaciones.
- En 1955 Herbert Simon, Allen Newell y J.C. Shaw, desarrollan el primer lenguaje de programación orientado a la resolución de problemas, el IPL-11. Un año más tarde desarrollan el LogicTheorist, el cual era capaz de demostrar teoremas matemáticos.
- En 1956 fue inventado el término inteligencia artificial por John McCarthy, Marvin Minsky y Claude Shannon en la Conferencia de Dartmouth,
un congreso en el que se hicieron previsiones triunfalistas a diez años
que jamás se cumplieron, lo que provocó el abandono casi total de las
investigaciones durante quince años.
- En 1957 Newell y Simon continúan su trabajo con el desarrollo del General Problem Solver (GPS). GPS era un sistema orientado a la resolución de problemas.
- En 1958 John McCarthy desarrolla en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) el LISP. Su nombre se deriva de LISt Processor. LISP fue el primer lenguaje para procesamiento simbólico.
- En 1959 Rosenblatt introduce el Perceptrón.
- A finales de los 50 y comienzos de la década del 60 Robert K.
Lindsay desarrolla «Sad Sam», un programa para la lectura de oraciones
en inglés y la inferencia de conclusiones a partir de su interpretación.
- En 1963 Quillian desarrolla las redes semánticas como modelo de representación del conocimiento.
- En 1964 Bertrand Raphael
construye el sistema SIR (Semantic Information Retrieval) el cual era
capaz de inferir conocimiento basado en información que se le
suministra. Bobrow desarrolla STUDENT.
- Posteriormente entre los años 1968-1970 Terry Winograd desarrolló el sistema SHRDLU, que permitía interrogar y dar órdenes a un robot que se movía dentro de un mundo de bloques.
- A mediados de los años 60, aparecen los sistemas expertos, que predicen la probabilidad de una solución bajo un set de condiciones. Por ejemplo DENDRAL,
iniciado en 1965 por Buchanan, Feigenbaum y Lederberg, el primer
Sistema Experto, que asistía a químicos en estructuras químicas
complejas euclidianas, MACSYMA, que asistía a ingenieros y científicos
en la solución de ecuaciones matemáticas complejas.
- En 1968 Minsky publica Semantic Information Processing.
- En 1968 Seymour Papert, Danny Bobrow y Wally Feurzeig desarrollan el lenguaje de programación LOGO.
- En 1969 Alan Kay desarrolla el lenguaje Smalltalk en Xerox PARC y se publica en 1980.
- En 1973 Alain Colmenauer y su equipo de investigación en la Universidad de Aix-Marseille crean PROLOG (del francés PROgrammation en LOGique) un lenguaje de programación ampliamente utilizado en IA.
- En 1973 Shank y Abelson desarrollan los guiones, o scripts, pilares de muchas técnicas actuales en Inteligencia Artificial y la informática en general.
- En 1974 Edward Shortliffe escribe su tesis con MYCIN, uno de los Sistemas Expertos más conocidos, que asistió a médicos en el diagnóstico y tratamiento de infecciones en la sangre.
- En las décadas de 1970 y 1980, creció el uso de sistemas expertos,
como MYCIN: R1/XCON, ABRL, PIP, PUFF, CASNET, INTERNIST/CADUCEUS, etc.
Algunos permanecen hasta hoy (Shells) como EMYCIN, EXPERT, OPSS.
- En 1981 Kazuhiro Fuchi anuncia el proyecto japonés de la quinta generación de computadoras.
- En 1986 McClelland y Rumelhart publican Parallel Distributed Processing (Redes Neuronales).
- En 1988 se establecen los lenguajes Orientados a Objetos.
- En 1997 Garry Kasparov, campeón mundial de ajedrez, pierde ante la computadora autónoma Deep Blue.
- En 2006 se celebró el aniversario con el Congreso en español 50 años de Inteligencia Artificial - Campus Multidisciplinar en Percepción e Inteligencia 2006.
- En el año 2009 ya hay en desarrollo sistemas inteligentes
terapéuticos que permiten detectar emociones para poder interactuar con
niños autistas.
- En el año 2011 IBM desarrolló una supercomputadora llamada Watson , la cual ganó una ronda de tres juegos seguidos de Jeopardy, venciendo a sus dos máximos campeones, y ganando un premio de 1 millón de dólares que IBM luego donó a obras de caridad.[10]
- Existen personas que al dialogar sin saberlo con un chatbot no se percatan de hablar con un programa, de modo tal que se cumple la prueba de Turing como cuando se formuló: «Existirá
Inteligencia Artificial cuando no seamos capaces de distinguir entre un
ser humano y un programa de computadora en una conversación a ciegas».
- Como anécdota, muchos de los investigadores sobre IA sostienen que «la inteligencia es un programa capaz de ser ejecutado independientemente de la máquina que lo ejecute, computador o cerebro».
LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y LOS SENTIMIENTOS
- La inteligencia artificial y los sentimientos
El concepto de IA es aún demasiado difuso. Contextualizando, y
teniendo en cuenta un punto de vista científico, podríamos englobar a
esta ciencia como la encargada de imitar una persona, y no su cuerpo,
sino imitar al
cerebro, en todas sus funciones, existentes en el humano o inventadas sobre el desarrollo de una
máquina inteligente.
A veces, aplicando la definición de Inteligencia Artificial, se piensa en máquinas inteligentes sin
sentimientos,
que «obstaculizan» encontrar la mejor solución a un problema dado.
Muchos pensamos en dispositivos artificiales capaces de concluir miles
de
premisas a partir de otras
premisas dadas, sin que ningún tipo de emoción tenga la opción de obstaculizar dicha labor.
En esta línea, hay que saber que ya existen sistemas inteligentes. Capaces de
tomar decisiones «acertadas».
Aunque, por el momento, la mayoría de los investigadores en el
ámbito de la Inteligencia Artificial se centran sólo en el aspecto
racional, muchos de ellos consideran seriamente la posibilidad de
incorporar componentes «emotivos» como
indicadores de estado, a fin de aumentar la eficacia de los sistemas inteligentes.
Particularmente para los robots móviles, es necesario que cuenten
con algo similar a las emociones con el objeto de saber –en cada
instante y como mínimo– qué hacer a continuación [Pinker, 2001, p. 481].
Al tener «sentimientos» y, al menos potencialmente, «motivaciones»,
podrán actuar de acuerdo con sus «intenciones» [Mazlish, 1995, p. 318].
Así, se podría equipar a un robot con dispositivos que controlen su
medio interno; por ejemplo, que «sientan hambre» al detectar que su
nivel de energía está descendiendo o que «sientan miedo» cuando aquel
esté demasiado bajo.
Esta señal podría interrumpir los procesos de alto nivel y obligar
al robot a conseguir el preciado elemento [Johnson-Laird, 1993, p.
359]. Incluso se podría introducir el «dolor» o el «sufrimiento
físico», a fin de evitar las torpezas de funcionamiento como, por
ejemplo, introducir la mano dentro de una cadena de engranajes o saltar
desde una cierta altura, lo cual le provocaría daños irreparables.
Esto significa que los sistemas inteligentes deben ser dotados con mecanismos de
retroalimentación que les permitan tener conocimiento de estados internos, igual que sucede con los humanos que disponen de
propiocepción,
interocepción,
nocicepción,
etcétera. Esto es fundamental tanto para tomar decisiones como para
conservar su propia integridad y seguridad. La retroalimentación en
sistemas está particularmente desarrollada en
cibernética,
por ejemplo en el cambio de dirección y velocidad autónomo de un misil,
utilizando como parámetro la posición en cada instante en relación al
objetivo que debe alcanzar. Esto debe ser diferenciado del conocimiento
que un sistema o programa computacional puede tener de sus estados
internos, por ejemplo la cantidad de ciclos cumplidos en un loop o
bucle en sentencias tipo
do... for, o la cantidad de memoria disponible para una operación determinada.
A los sistemas inteligentes el no tener en cuenta elementos
emocionales les permite no olvidar la meta que deben alcanzar. En los
humanos el olvido de la meta o el abandonar las metas por
perturbaciones emocionales es un problema que en algunos casos llega a
ser incapacitante. Los sistemas inteligentes, al combinar una memoria
durable, una asignación de metas o
motivación, junto a la toma
de decisiones y asignación de prioridades con base en estados actuales
y estados meta, logran un comportamiento en extremo eficiente,
especialmente ante problemas complejos y peligrosos.
En síntesis, lo racional y lo emocional están de tal manera
interrelacionados entre sí, que se podría decir que no sólo no son
aspectos contradictorios sino que son –hasta cierto punto–
complementarios.
Críticas
Las principales críticas a la inteligencia artificial tienen que ver
con su capacidad de imitar por completo a un ser humano. Estas críticas
ignoran que ningún humano individual tiene capacidad para resolver todo
tipo de problemas, y autores como
Howard Gardner han propuesto que existen
inteligencias múltiples.
Un sistema de inteligencia artificial debería resolver problemas. Por
lo tanto es fundamental en su diseño la delimitación de los tipos de
problemas que resolverá y las estrategias y algoritmos que utilizará
para encontrar la solución.
En los humanos la capacidad de resolver problemas tiene dos
aspectos: los aspectos innatos y los aspectos aprendidos. Los aspectos
innatos permiten por ejemplo almacenar y recuperar información en la
memoria
y los aspectos aprendidos el saber resolver un problema matemático
mediante el algoritmo adecuado. Del mismo modo que un humano debe
disponer de herramientas que le permitan solucionar ciertos problemas,
los sistemas artificiales deben ser programados de modo tal que puedan
resolver ciertos problemas.
Muchas personas consideran que el
test de Turing ha sido superado, citando conversaciones en que al dialogar con un programa de inteligencia artificial para
chat
no saben que hablan con un programa. Sin embargo, esta situación no es
equivalente a un test de Turing, que requiere que el participante esté
sobre aviso de la posibilidad de hablar con una máquina.
Otros
experimentos mentales como la
Habitación china de
John Searle
han mostrado cómo una máquina podría simular pensamiento sin tener que
tenerlo, pasando el test de Turing sin siquiera entender lo que hace.
Esto demostraría que la máquina en realidad no está
pensando,
ya que actuar de acuerdo con un programa preestablecido sería
suficiente. Si para Turing el hecho de engañar a un ser humano que
intenta evitar que le engañen es muestra de una mente inteligente,
Searle considera posible lograr dicho efecto mediante reglas definidas
a priori.
Uno de los mayores problemas en sistemas de inteligencia artificial
es la comunicación con el usuario. Este obstáculo es debido a la
ambigüedad del lenguaje, y apareció ya en los inicios de los primeros
sistemas operativos informáticos. La capacidad de los humanos para
comunicarse
entre sí implica el conocimiento del lenguaje que utiliza el
interlocutor. Para que un humano pueda comunicarse con un sistema
inteligente hay dos opciones: o bien el humano aprende el lenguaje del
sistema como si aprendiese a hablar cualquier otro idioma distinto al
nativo, o bien el sistema tiene la capacidad de interpretar el mensaje
del usuario en la lengua que el usuario utiliza.
Un humano durante toda su vida aprende el vocabulario de su lengua nativa. Un humano interpreta los mensajes a pesar de la
polisemia
de las palabras utilizando el contexto para resolver ambigüedades. Sin
embargo, debe conocer los distintos significados para poder
interpretar, y es por esto que lenguajes especializados y técnicos son
conocidos solamente por expertos en las respectivas disciplinas. Un
sistema de inteligencia artificial se enfrenta con el mismo problema,
la polisemia del lenguaje humano, su
sintaxis poco estructurada y los
dialectos entre grupos.
Los desarrollos en inteligencia artificial son mayores en los campos
disciplinares en los que existe mayor consenso entre especialistas. Un
sistema experto es más probable de ser programado en física o en
medicina que en sociología o en psicología. Esto se debe al problema
del consenso entre especialistas en la definición de los conceptos
involucrados y en los procedimientos y técnicas a utilizar. Por
ejemplo, en física hay acuerdo sobre el concepto de velocidad y cómo
calcularla. Sin embargo, en psicología se discuten los conceptos, la
etiología, la psicopatología y cómo proceder ante cierto diagnóstico.
Esto dificulta la creación de sistemas inteligentes porque siempre
habrá desacuerdo sobre lo que se esperaría que el sistema haga. A pesar
de esto hay grandes avances en el diseño de sistemas expertos para el
diagnóstico y toma de decisiones en el ámbito médico y psiquiátrico
(Adaraga Morales, Zaccagnini Sancho, 1994)